La democratización de los medios de comunicación

Para nadie es desconocido que los medios de comunicación han cambiado mucho en los últimos años. Nada tienen que ver con su origen pero, más que los medios, lo que realmente ha cambiado es la manera de comunicar, la manera de obtener información y la forma de relacionarse entre medio-audiencia-fuente. 

La comunicación está viviendo una gran revolución en los últimos años, pero se ha acentuado en los últimos meses. Estamos viviendo lo que se conoce como democratización de los medios de comunicación, esto es, que todos ellos son considerados de mismo nivel y receptores de todos los agentes sociales. 

Un hecho que reabrió el debate fue la emisión de la docuserie “Rocío, contar la verdad para seguir viva”, Un programa que no habría dejado de ser un espacio televisivo del género denominado “del corazón”, pero que se ha convertido en todo un fenómeno social. 

Las declaraciones de la hija de la cantante Rocío Jurado y el boxeador Pedro Carrasco sobre el supuesto maltrato recibido por su ex marido hace más de 20 años, han abierto una caja de Pandora que ha sorprendido a todos por su amplia repercusión mediática. 

Hay aspectos que eran más o menos esperables: su protagonista, muy hermética ante los medios de comunicación; unas esperadas declaraciones siempre negadas; conocer “la otra versión”, oculta durante más de dos décadas… A esto se ha sumado, el contenido del testimonio. Un tema que toca a una sociedad especialmente sensible con este asunto, los malos tratos de un hombre hacia una mujer. 

Pero a este cóctel, que cumplía las características que se preveía iba a hacer de esta docuserie un éxito televisivo, se ha añadido algo que ha sorprendido a todos: las reacciones de personas que se encuentran en primera línea del panorama político español. 

En directo, durante la emisión del primer programa, no dejaron de sucederse comentarios a través de las redes sociales, fundamentalmente twitter, de Irene Montero, ministra de Igualdad del Gobierno de España; Adriana Lastra, portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados; y Rocío Monasterio, diputada de Vox en la Asamblea de Madrid, apoyando a una Rocío Carrasco maltratada y enarbolando la bandera de crítica hacia los malos tratos. 

Al día siguiente, la propia Irene Montero, entró en directo a través del teléfono, en el programa “Sálvame”, para muchos catalogado como “telebasura” y bastante ajeno al tratamiento de temas políticos, sino centrado en el mundo del corazón. 

A través de este hecho, vemos cómo los medios de comunicación están viviendo una apertura hacia cualquier tipo de tertuliano, comentarios o declaraciones. Hasta ahora, cada ámbito profesional tenía su espacio, sus medios de cabecera e incluso sus prejuicios. Sin embargo, ahora más que nunca, vemos cómo todos los programas valen para lanzar el mensaje y, en definitiva, para llegar a cuantas más personas mejor. 

Como señalan en el diario El Mundo, Guy Debord, ya en 1967, hablaba de La sociedad del espectáculo, en la que se juntaban “populismo, estudios de marketing y televisión de entretenimiento y que vendrían a confluir en una banalización de la política” que tendría su máxima expresión en la irrupción de los dirigentes de partidos políticos en los espacios de prime time.

Así vimos cómo cuando Pedro Sánchez fue elegido secretario general del PSOE en 2014 apareció, como hemos visto ahora con Irene Montero, en Sálvame, porque, en su opinión «la política durante estos años se ha hecho mal, porque hay que estar donde están los ciudadanos» . Hasta Soraya Sáez de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno durante el mandato de Rajoy, apareció en El Hormiguero hace ya unos años. Incluso bailando.

Independientemente de la opinión que cada persona tenga sobre este hecho, lo cierto es que cada vez se sucede más. Incluso los medios de comunicación o’las personas que han criticado que un político haga declaraciones en este tipo de programas,  han dedicado tiempo, espacio de periódicos y de televisiones a hablar sobre ello. Unos sobre los maltratos, otros sobre las declaraciones y otros sobre la actuación de los representantes políticos. De una manera o de otra, todos han opinado, se han lucrado y han manifestado abiertamente ver este tipo de programas, algo impensable hace no demasiado. 

Por ello, a la hora de establecer nuestra estrategia comunicativa, también debemos contemplar estos perfiles, tanto de los programas como los de la gente que los ve. ¿A quién queremos llegar? ¿Es realmente contraproducente estar presente en determinados programas o, por el contrario, nos hace más cercanos y menos prejuiciosos? ¿Beneficia a nuestra imagen o la perjudica?

Tal vez aún es pronto para tener una respuesta clara, pero lo que sí es cierto es que, en la actualidad, los programas están dejando de ser de primera y de segunda en cuanto a resultados se refiere.

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