No es una alucinación, desde que mantenemos una relación tóxica dependiente con el teléfono móvil estamos perdiendo muchas facultades. Entre las más afectadas se encuentran la creatividad y la inspiración.
El problema se agrava en las generaciones más jóvenes, que han nacido y crecido en una sociedad híbrida, profundamente marcada por la tecnología. Al no haber experimentado otro tipo de vivencias, estas generaciones parten con una desventaja creativa. La creatividad y la inspiración son capacidades presentes en todas las personas, pero funcionan como un músculo, si no se entrenan se debilitan.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ya ha señalado esta problemática en un estudio reciente sobre habilidades socioemocionales de los jóvenes en la edad escolar. Una de sus principales hipótesis es que este deterioro puede estar relacionado con un cerebro aún inmaduro y en un entorno social sometido a múltiples presiones. Sin embargo, no se trata de un fenómeno reciente. Desde la década de 1990 se observa un declive progresivo en este ámbito, la sociedad, las redes sociales y el sistema educativo influyen directamente en este proceso, aunque es cierto que las tecnologías digitales están contribuyendo a que los estudiantes adopten un papel cada vez más pasivo.

Es triste que se produzcan este tipo de cambios, ya que la creatividad es una herramienta esencial que aviva la motivación, la felicidad y el impulso vital de cualquier ser humano. Si perdemos esta capacidad tan poderosa, corremos el riesgo de convertirnos en seres pasivos, sin criterio propio enganchados y sometidos sin cuestionamiento a todo lo que se nos diga. Podría llegar un punto en el que nuestra relación con la tecnología sea tan dependiente que incluso perdamos habilidades básicas como caminar o socializar, transformándonos en figuras similares a los personajes de Wall.E.
Sin embargo, no todo es negativo. Estas visiones apocalípticas no son más que pensamientos alimentados por el miedo de perder el control sobre nuestras decisiones, nuestras ideas y nuestro futuro. Aún estamos a tiempo. Todavía podemos cambiar las cosas, aún podemos crear, podemos imaginar y, sobre todo, podemos ser creativos frente a lo que nos depare el mañana.
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