Se busca salvador

Hace un tiempo me topé con un titular que captó totalmente mi atención: ¿Puede Google salvar el periodismo? Mientras rondaba en mi cabeza la idea de “hacia dónde va el periodismo” o si “ya nada volverá a ser como antes”, encontré un artículo de opinión en el diario Cinco Días, de la abogada Olga Martínez, con la siguiente reflexión: ¿Pretende el Gobierno controlar las ‘fake news’ o controlar la red?

La primera noticia informaba de que Google ponía en marcha una propuesta para acabar con la desinformación en la red. Se trataba de Google News Initiative, un programa que pretende apoyar a periodistas de todo el mundo para que desarrollen su labor con herramientas útiles y combatan las mentiras difundidas en la red, mejorando, entre otros, los sistemas de detección y verificación de vídeos e imágenes. 

Quizás, esta nueva fórmula pueda favorecer la consecución de uno de los grandes desafíos actualmente, como es el freno a la difusión de bulos y falsedades. Pero, ¿este tipo de medidas “salvarán” verdaderamente la actual situación del periodismo? Considero que hay muchos aspectos de esta profesión que son insalvables. Internet, con sus cosas buenas, pero también malas, ha permitido hacer mucho más visible nuestro trabajo; sin embargo, también lo ha devaluado. La sobredosis de información en la red ha provocado que se difumine la línea entre las fuentes fiables y las de dudosa procedencia. 

Aunque parezca un tema baladí, no lo es, y el control de las fake news no solo le preocupa a Google, también ha llegado hasta el Gobierno central. El Ejecutivo de coalición, presidido por Pedro Sánchez, anunció el pasado año que se sumaría a la estrategia europea para crear un sistema para detectar y desmentir noticias falsas.

Como citaba al inicio, la abogada Olga Martínez reflexionaba en su artículo para Cinco Días sobre cómo ejecutar este instrumento, preservando siempre la libertad de expresión a la que tiene derecho cualquier ciudadano.

Coincido con la autora en que sería muy arriesgado que desde el gobierno, o a través de sus instituciones, se pudiese establecer una relación de fuentes fiables de información, o que incluso se pudiese decidir qué información es veraz y cuál no, porque se podría poner en serio peligro la libertad de información.

Lo más adecuado, quizás, sería desarrollar un mecanismo para luchar contra la desinformación, propiciando un cambio cultural en los ciudadanos, como cita Olga Martínez, a través de instituciones independientes, que permitiesen enfrentarse a la información con sesgo, para que el ciudadano pueda valorar cuál es la fuente de información, a quién favorece, cuál es el contexto del hecho noticioso, entre otros.

Y precisamente creo que esta es la clave, más allá de todas las herramientas y recursos que se puedan desarrollar: que el ciudadano sea capaz de reflexionar y discenir entre un hecho y una opinión, acudiendo a varias fuentes y siendo plural en la elección de estas. 

Sin duda, parte de este trabajo debe iniciarse en las aulas, preparando a los alumnos para que puedan enfrentarse al mundo sobreinformado en el que vivimos, y sean capaces de realizar sus propios análisis de la actualidad informativa. Probablemente, este será uno de los mayores “favores” que se le pueda hacer al periodismo hoy en día. Y será la educación y no Google o los gobiernos, quienes salven realmente al periodismo. 

Laura Martín
Consultora de Comunicación

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