objetivo de cámara de fotografía

Contar sin palabras

¿Cuál es el valor de las imágenes?

Todos sabemos lo que son. ¿Quién no ha hecho una foto alguna vez? Me atrevería a decir que casi a diario capturamos lo que vemos, lo que llama nuestra atención, nos emociona o remueve por dentro.

Las imágenes son más que una instantánea de un momento, son una forma de expresión, una manera de comunicarnos con el mundo, de contar una historia o incluso, de denunciar una realidad.

Pero no todas trascienden, solo las que logran impactarnos o despiertan algo en nosotros son las que recordamos con el tiempo.

No hablo del encuadre, luz o perspectiva, hablo de la huella que dejan en quienes las observan, de lo que son capaces de generar en las personas.

Si hacemos un repaso en el tiempo, seguramente todos coincidamos en la elección de las fotografías que han marcado la historia.

Una de las que siempre recuerdo es la de la niña afgana de ojos verdes, fotografiada en un campo de refugiados de Pakistán con 12 años. Su mirada reflejaba miedo y vulnerabilidad y se convirtió en un símbolo de guerra que dio la vuelta al mundo.

También me marcó la escalofriante captura de un pequeño niño refugiado sirio que apareció muerto en una playa turca en septiembre de 2015. Significó acercarse a la crudeza de la guerra y consiguió generar un sentimiento de conciencia colectiva acerca de un problema que hasta entonces era ignorado por muchos.

Igualmente, hay imágenes icónicas que todos guardamos en nuestra memoria, como la de The Beatles paseando por un paso de peatones en Abbey Road, el hombre en la luna o el almuerzo de unos obreros en una viga sobre el cielo de Nueva York. Son, más que fotos, símbolos que se hicieron virales por una misma razón, relatan mucho más de lo que muestran: éxito, hitos, precariedad.

Pero el valor de las imágenes no solo radica en lo histórico o en lo mediático, sino en la cotidianidad, en aquellas instantáneas que guardamos en las gavetas de casa de cuando éramos niños o en las capturas de nuestro primer viaje especial. Sin duda, esas son las fotografías que más nos importan, las que forman parte de nuestro legado y cuentan la historia de nuestra vida.

No es su calidad la que las hace relevantes, es su valor, lo que significan para nosotros y lo que nos evocan cada vez que las vemos.

La imagen ha evolucionado mucho con el paso del tiempo y puede que ahora, y sobre todo tras la llegada de las redes sociales y la revolución digital, haya perdido valor, porque las capturas no se reservan para un momento único y están condicionadas por los filtros y la edición.

Casi de forma automática reproducimos todo lo que hacemos a través de un flash y la autenticidad y veracidad muchas veces se ven condicionadas por el postureo y una exposición continua de nuestras vidas.

Ahora, más que nunca, hablamos con imágenes y eso también tiene un lado peligroso, porque no todo lo que se cuenta representa la realidad. En este sentido, habría que recalcar la importancia de la responsabilidad y la ética, ya que los mensajes que transmitimos al mundo tienen repercusión y si no se difunden de la manera correcta, pueden generar interpretaciones erróneas o distorsionadas.

Se trata de comunicar con valor. Las redes sociales son el canal idóneo para hacerlo, pero para ello hace falta criterio y conciencia. Ser capaz de entender que detrás de cada pantalla hay usuarios y usuarias con realidades diferentes que observan, interpretan y en muchos casos, comparan.

El reto está en encontrar ese equilibrio entre mostrar sin caer en la apariencia y la necesidad constante de aprobación, mientras practicamos un consumo responsable de los contenidos a los que tenemos acceso.
Y ahí surge la duda inevitable: ¿estamos enseñando la realidad o simplemente compartiendo la versión que más likes nos dará? ¿Somos realmente quienes decimos ser detrás de cada historia o publicación?


Habría que detenerse a hacerse estas cuestiones antes de formar parte del ecosistema digital. Aunque la respuesta parece clara, lo que no está maquillado, surge de forma espontánea y no requiere de la validación ajena es lo que nos hace únicos, lo que nos permite disfrutar de lo íntimo y personal y lo que narra nuestra realidad.

Quizás el secreto está en atravesar el foco solo cuando queramos mirar con atención, recordar con precisión y contar con amor. Cuando la imagen forma parte de nuestra verdad y representa ese sentimiento que llevamos dentro y que cuando se transforma es capaz de inspirar, conmover e intrigar, sin revelar en exceso ni perjudicar.

Elia González
Ejecutiva de operaciones

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